
La expresión “nuevo pensamiento” es empleada por Franz Rosenzweig cuando quiere caracterizar su aporte propio2, en especial, el de su obra La Estrella de la Redención. Lo caracteriza por dos rasgos principales que -según su comprensión- se suponen mutuamente: “necesitar del otro y… tomar en serio el tiempo”, según un pensar no solitario y monológico sino hablante y dialogante. Pues la relación de interpelación, respuesta y contra-respuestas necesita tiempo y, más que darse en el tiempo, acontece aconteciéndolo. 3
Tanto la alteridad del Otro como el acaecer inédito del tiempo, así como la preocupación por el lenguaje (giros lingüístico-pragmático y fenomenológico-hermenéutico) caracterizan la filosofía contemporánea y su reversión superadora del giro copernicano (Kant), que caracterizaba a la modernidad y su centramiento en el Ego trascendental.
A pesar del actual influjo de los “pensadores judíos olvidados”4 como los arriba citados Cohen o Rosenzweig, fue Heidegger quien -aparentemente sin conocerlos- produjo de hecho en el pensar occidental, incluso latinoamericano5, dicho giro del giro copernicano, especialmente después de la Kehre (inflexión o giro) de su pensamiento6. Me refiero, sobre todo, a su superación de la “metafísica” en cuanto filosofía de la subjetividad, cuyas raíces él las encontraba ya en Platón. Claro está que fue luego Lévinas -bajo la influencia de Rosenzweig, sin olvidar la de Heidegger- quien radicaliza ese “dar vuelta”, trascendiéndolo, continuado actualmente por la fenomenología y hermenéutica contemporáneas, en especial, francesas7.
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